viernes, 19 de octubre de 2012

Cuando no tengo a quién cantarle

Esta tarde vi llover, vi gente correr y no estabas tú.
Por estos días puedo cantar esa canción sin parar, tantas veces como para grabar un mp3 con esa letra. Y me pregunto ¿por qué la canto? sin duda la pregunta más difícil de hacer es ¿a quién coño le canto?
A veces me gustaría estar enamorada, a veces. Porque estar enamorada es una cagada, por eso escribo que a veces. No se si estoy decepcionada, creo que no. Y si lo estuviera ¿de qué sería? ¿de los hombres? o de mí por haber creído. De mí por haber escrito en mi casa varias historias con distintos protagonistas y siempre con un  final feliz, de mí por haber dejado huellas en el pasto de los parques, en las tiendas que rodean mi casa, en la Av. Salaverry mientras agarro su mano, en mi balcón mientras lo beso, en mi espejo que todavía parece que nos está mirando. Dicen que si el final no es feliz, entonces todavía no es el final. Yo se que no estoy en edad de decir que llegó el fin del amor, pero sin duda es más fácil que Perú llegue al mundial.

Si quieres encontrar a alguien, entonces SAL! Creo que yo entendí mal, porque de tanta sal ya me salé.
Extraño llorar. Botar lágrimas porque me dejó, porque lo dejé, porque lo nuestro no puede ser, porque lo amo (o creo amarlo en ese momento), llorar de risa porque dejó mi cama con pétalos de rosa, llorar porque vimos una película juntos mientras yo me acordaba de otro.
Ahora me da pena no poder llorar, me siento insensible. Si soy insensible no me debería sentir, aunque parece que mi frialdad está a flor de piel.

Qué difícil es entenderme, qué bonito es complicarse. Como le decía a una de mis mejores amigas: "De lo único que estoy 100% segura es de que estoy bien confundida".

Estoy enamorada del romance, ni siquiera del amor. Me gusta acordarme de los primeros besos, de la vez en que lo conocí - a todos-, de las palabras, de las promesas, de las peleas y de las reconciliaciones. Luego todo se desecha y nuevamente archivo recuerdos que para mí valen oro. Y después sale la princesa montada en su caballo, con el pelo negro al viento mirando nuevos territorios que conquistar, como un Quijote, solo que sin Sancho.
Dicen que si el final no es feliz, entonces todavía no es el final.
Voy a buscar molinos y a seguir cantando.



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